Zapicoteos

Zapi

En esta sección podréis encontrar consejos, curiosidades… que os harán entendernos un poco mejor, porque queridos amigos humanos, no es que nosotros hagamos cosas raras, es que los raros sois vosotros. 😉

  • ¡Dejadnos dormir!

Los gatos dormimos mucho: ¡dos terceras partes del día! Vamos, que podemos pasar “planchando la oreja” 16 horas de nuestro poco estresado día. Este número de horas varía en función de la edad, la climatología y el apetito, tanto nutricional como sexual. Los gatos intercalamos ciertas actividades lúdicas y nutritivas entre multitud de siestas diarias. Así que, por favor! no interrumpáis nuestra sagrada actividad onírica.

  • Somos como niños…

Los gatos os maullamos más a los humanos que a nuestros propios congéneres; cuando emitimos sonidos para otros gatos suele ser en épocas reproductivas o cuando algo tenemos que explicarles quien manda en la zona. Nuestro lenguaje sonoro hacia el hombre es debido a que mantenemos un comportamiento infantil: cuando somos cachorros y tenemos hambre, miedo o necesitamos cualquier cosa, llamamos a nuestra madre mediante un maullido… cuando queremos algo de nuestro amigo humano también le reclamamos con un maullido.

  • Aprendemos, sí, pero con fecha de caducidad

Desde que dejamos de mamar hasta que tenemos unos dos meses es cuando somos receptivos a vuestras indicaciones y adquirimos vuestros hábitos sociales con facilidad y sin ningún tipo de “trauma”. Pasada esta edad también aprendemos, pero nos cuesta más y debéis tener más paciencia con nosotros.

  • ¡Jugad con nosotros!

Mientras los gatos jugamos estamos haciendo varios “másters” al mismo tiempo: acecho y persecución, fortalecimiento muscular, comunicación… El juego para nosotros es muy importante y por ello tenéis que dedicarnos tiempo; con unos “juguetitos” monísimos y exclusivos, no es suficiente. Los gatos, para que nuestro juego sea plenamente gratificante, necesitamos la presencia  de otro ser vivo; un compañero de juegos con el que experimentar sonidos, gestos e incluso simulaciones de caza. Podéis y debéis utilizar juguetes para gatos, pero lo ideal es que al otro lado del juguete estéis vosotros.

  • Esos ruiditos que no entendéis…

El “chasquido” es una de las cosas que más me gusta de mis “singularidades gatunas” y se trata de un movimiento repetitivo de la mandíbula que hace sonar los dientes al chocar, acompañado de mi extrema atención por algo. Me sucede cuando me enfrento a una posible presa, sea real o de juguete…, mi mirada es fija y penetrante, mis pupilas se dilatan y la cola se mueve sin parar. Eso sí, el chasquido finaliza cuando me abalanzo sobre mi deseada presa.

  • Elegancia en la caída

Los gatos caemos al suelo sobre las patas por nuestra capacidad de rotar el cuerpo en el aire. Es un acto reflejo que tenemos desde la más tierna edad, más o menos desde la tercera semana de vida. Esto es lo que hago si caigo desde cierta altura, esto es lo que hago: primero giro la cabeza y la mitad delantera del cuerpo, con lo que la cabeza queda orientada correctamente; después roto la parte posterior, consiguiendo “el aterrizaje” sobre manos y pies… Puro arte y elegancia.

  • Mi droga

La planta que los humanos denominan “catnip”, como ya os he comentado en alguna ocasión, inunda prácticamente todos mis sentidos: me aproximo, huelo, investigo y, posteriormente, entro en contacto mediante la boca, las patas, froto mi cara y mi barbilla… ¡¡y comienzo a rodar sobre mí mismo, pataleo encima de la planta, salto alrededor, mi piel se mueve compulsivamente. Esta “maravillosa locura” dura varios minutos; después pierdo el interés, pero pasadas un par de horas, ¡puede volver la fiesta!

  • Cuestión de oído

Mi fino oído me permite algo verdaderamente curioso: distinguir dos sonidos diferentes en un radio de cinco grados. Esta especial capacidad de felino “me viene dada” gracias a que el sonido llega a una de mis orejas con un ligero retraso cronológico respecto de la otra, un retraso de fracciones de segundo que un servidor y mis familiares somos capaces de procesar.

  • ¡Esas plantas tan ricas!

Entre las “humanas teorías” más extendidas del interés de un servidor por las plantas, está la que afirma que éstas provocan una irritación de mi tracto gastrointestinal, lo que puede llegar a provocarme el vómito. Este consumo voluntario de plantas y hierba lo realizaría con la “intención” de expulsar bolas de pelo u otros materiales no digestibles de mi aparato digestivo.
Otros humanos argumentos indican que mi interés “por lo verde” podría deberse a una posible deficiencia nutricional (algo improbable con el excelente alimento que consumo), o quizás, un cierto interés por el sabor de ciertos vegetales… ¡¡Fíjate tú!! ¡¡Esto no lo niego!!

  • ¡Qué bien cuando me quitaron ese peso de encima!

Desde que me esterilizaron perdí el interés por los intentos de fuga y vagabundeo. A mis amigas gatas, también esterilizadas, no tenemos que escucharlas en sus lacerantes maullidos y, además, en ese estado no tenemos que pensar que nuestros hijos puedan quedar algún día abandonados. No tengas pena y esteriliza a mis congéneres, nos haces un favor.