Tuve un sueño

23 de febrero de 2012

ZapiMuchos humanos pueden llegar a pensar que los felinos no soñamos… ¡¡gran error!!

En el caso de “Trasto”, ese amasijo de pelos desordenados y perenne aspecto bobalicón, sus sueños son evidentes, pues sus vulgares experiencias oníricas de carreras y persecución “perruna” se adivinan cuando, dormido como un tronco, mueve sus “patazas” de forma “descompasada”, como si corriera tumbado. Pero bueno, no se puede pedir más de un ser inferior.

En mi caso, los sueños son complejos, completos, con un guión con nudo y desenlace.

El otro día soñé.

A mi casa llegaba otro gato, un pequeño cachorro negro azabache de penetrantes ojos verdes. Aquel diminuto ser, al verme, corrió desaforado con intenciones para mi desconocidas. Evidentemente, le di un bufido “de los buenos”, para zanjar cualquier atisbo de duda en la recién iniciada relación.

A pesar de su desconcierto inicial, el inconsciente individuo, insistió en el acercamiento: un manotazo, sin usar mis convincentes uñas, consiguió que cesara en sus intentos durante un periodo de tiempo mayor.

Cuando creía que no me incomodaría más, y me conducía majestuosamente a una de mis favoritas zonas de descanso, aquella bola negra se lanzó otra vez sobre mí. Le dediqué otro bufido, no tan intenso, y un manotazo mucho más contenido.

El de los ojos verdes me respondió con un tímido y ridículo “bufidito” y agitando sus minúsculas patitas hacia mi cuerpo.

No pude evitar una sonrisa.

El sueño continuó entre carreras, persecuciones, revolcones, manotazos y saltos. Me lo estaba pasando bien… francamente bien.

Desperté por los ladridos del absurdo defensor peludo de la casa: “Trasto”, siempre que alguien llama a la puerta, corre como un poseso hacia ella emitiendo unos más que molestos ladridos.

Ya despierto recordaba el sueño… y sonreía…

Desde aquel momento me planteo si no sería buena idea compartir MI vida, MI casa, con un pequeñajo de mi especie…

Por ahora, seguiré soñando.

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9 comentarios para “Tuve un sueño”

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  1. Cristania dice:

    ¡Jajaja! Me ha recordado al día que trajimos a Cárprica a casa: era una bolita de apenas tres meses, de pelo negro y sucio con ojos verdes, recién recogida de la calle. Cuando Hiro, que ya tenía un año y llevaba con nosotros desde los tres meses, vio a aquel bicho y se dio cuenta de lo que estaba pasando, se puso tan tenso y tan nervioso que se fue a un rincón del pasillo a vomitar. ¡Pobrecito! Por suerte, Cáprica lo tomó por un hermano mayor y se hicieron amiguetes enseguida. Y hoy, tres años después, siguen siendo inseparables. :-)

  2. china y chiquitita dice:

    hola zapi como te va? nos gusto tu anecdota yo comparto mi vida con chiquitita y vivo feliz con ella unos minutos despues de nacer mis humanos pensaron que era un pequeñajo travieso pero resulto ser una pequeña gatita muy juguetona y traviesa somos muy felices en argentina con las otras mascotas es bueno vivir con un pequeñajo de tu especie :-)

  3. Pepa dice:

    Ay, Zapi, lo mejor que le pasó a Héctor fue que llegara Paquito a casa, hasta ha adelgazado y está mucho más activo, aunque la tarea de “insecticida” se la ha dejado al chiquitín y él solo supervisa…
    Que pases buen verano!

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