Soy Zapi

Zapi

Mi nombre es “Zapirón”, “Zapi”, para los amigos y allegados, y es un placer para mí poder contaros parte de mi vida y milagros.

Primeramente os voy a explicar de dónde procede mi nombre: Mi amigo adulto de dos patas siempre le recitaba estas maravillosas palabras a su pequeña hija:

Micifuz y Zapirón
se comieron un capón
en un asador metido
después de haberlo comido

trataron en conferencia
si obrarían con prudencia

comiéndose el asador
¿Se lo comieron? ¿No señor?
Era un caso de conciencia.

A la pequeña, con su lengua de trapo, se le quedó grabado lo de “Zapirón”, y cuando mis pequeños bigotes entraron por la puerta, la niña se abalanzó hacia mi gritando: ¡¡a´pión, a´pión!! Y así nació mi nombre.

No puedo deciros que proceda de una familia de rancio abolengo, pues soy lo que muchos denominan un mestizo, aunque mis amigos humanos, que tanto me quieren, utilizan el nombre técnico y legalmente aceptado de “gato común europeo”.

A mí, la verdad, es que poco me importa mi “denominación de origen”, y más teniendo en cuenta que abrí los ojos en una acogedora casa, y no conocí ni a mi madre, ni a mis hermanos, pero, por fortuna, estos cuatro humanos me han dado todo lo que mi desconocida familia felina me habría proporcionado.

Y este es Trasto…

Trasto

La verdad es que vivía mucho más tranquilo solo, que con este montón de pelos de incansable vigor…”Trasto” es pesado, insistente, “cansino”… no es mal tipo, pero, por más que me esfuerzo, no consigue entender que las pautas las marco yo… que si quiero algo, lo que sea, soy yo el que me acerco… que si quiero tranquilidad, evidentemente, no me acerco; algo tan básico, tan simple, no debe ser posible asimilarse por el cerebro canino.

Pero, en realidad, he de decir que su mirada bobalicona, siempre esperando que yo haga algo, me agrada… No tiene maldad (por el momento, al menos)… Venga, vale, si: he de reconocer, que en el fondo le estoy tomando cariño.