¡Plumas!

16 de septiembre de 2014

Debido a mi estilo de vida dentro de MI hogar, el contacto con otras especies animales distintas a la humana pasa por aquellos “bichos” que veo y escucho a través de esa caja, cada vez más plana (ya no me puedo subir en ella), de la que MIS humanos no separan la vista.

Por lo visto, existen variadísimas especies de animales: las que corren por la tierra, las que van bajo el agua y, las que más me sorprenden (y atraen), las que vuelan.

Uno, en su tranquila vida, nunca sabe cuándo puede verse interrumpido, atacado, desplazado, por la entrada de variopintos humanos, presuntos amigos de MIS humanos… Hasta el momento, la entrada de animales se reducía a los amigos de MI más pequeño amigo de dos patas (más que animales son bárbaros), y un amigo de mi humano adulto que grita como un burro en celo cuando salen muchos pequeños humanos corriendo detrás de una pelota dentro de la caja hipnótica.

Pero aquel día MI casa sufrió una “curiosa” visita. La señora mayor que de vez en cuando nos viene a ver, la que puede pasarse horas pronunciando mi nombre para que me acerque, la que al final consigue su propósito ofreciéndome deliciosas viandas procedentes de la caja de la que sale frío… Pues ella, la señora mayor, apareció en MI casa con una caja de barrotes con ¡un animal plumado dentro!

¡Plumas!

¡Qué cosa más fea; a la par que apetecible!

Un bicho casi negro con la retaguardia roja, con dos patas y en lugar de boca o morro, una especie de gancho que se abría en dos partes cada vez que emitía uno de sus estridentes sonidos.

No creí que se fuera a quedar una temporada, pero aquel ser horrendo ocupó una de mis mesas favoritas cerca de una de mis ventanas más emblemáticas, más de un par de días…

En las primeras aproximaciones me acercaba a una prudencial distancia, y siempre que no estaban MIS humanos presentes. Indudablemente, no me dejarían hacerlo.

Un día, estando los dos solos en MI casa, decidí acercarme hasta el límite para valorar en profundidad a aquel individuo. Mi instinto cazador me guiaba…, agazapado contra el suelo, sin hacer prácticamente ruido gracias a mis almohadillas. ¡Digno de verse!

Salté sobre la mesa y el sobresaltado animal emitió un grito que me heló la sangre y quemó mis sensibles oídos. Me quedé quieto, petrificado, pero él también.

Dirigió su mirada hacia mí, y abriendo su pico emitió un sonido que casi consiguió que me abandonara la vida: ¡Hooolaaa! ¡Aquel bicho me estaba ¿saludando?!

Tras el salto de la mesa, reventarme el costado derecho contra el cerco de una puerta en la huida y asimilar lo escuchado durante un largo rato en uno de mis más seguros refugios, volví a la carga. No me duelen prendas en admitir que sentía una gran mezcla de miedo y curiosidad.

Teniendo MUY presente el dicho gatuno que pasamos de generación en generación (“la curiosidad mató al gato”), me acerqué al plumado, que soltó otro contundente “¡HOLA!”, mantuve el tipo y acerqué mi morro a los barrotes con el fin de percibir mejor aquellos sugerentes olores de presa potencial.

¡NUNCA MÁS!

Aquel bicho, aparte de ser capaz de “hablar”, era rápido y con un armamento efectivo y contundente; sin casi saber cómo, su gancho bucal, duro y bífido, se clavó en mi trufa. No voy a describiros ni el dolor, ni el salto, ni la huida…, ni la vergüenza.

En los días siguientes solo le observaba, altivo, engreído, en MI mesa y haciendo las delicias de todos MIS humanos emitiendo todo tipo de humanas estupideces.

Afortunadamente, no estuvo muchos días y, deseo, espero fervientemente, que nunca jamás vuelva.

2 comentarios para “¡Plumas!”

  1. Liliumse dice:

    ¡ Pobre de ti Zapi !

    Me imagino la sorpresa y el dolor. Parches en casa también tiene a Silvestre -un perico verde – que le llama muchísimo la atención y que igual que a ti le ha ganado en velocidad. Ahora ya solo lo ve desde el sillón y se acerca de vez en vez, pero a pesar de todo son compañeros de casa cuando por ratos se quedan solos.

    Un saludo bigotudo de Parches para ti.

  2. Laura dice:

    Ay como me he reído!! En mi casa, tenemos un yaco (loro gris africano) y a Fredy, mi gatito de 5 meses.
    No puede evitar acercarse a Aiko, el yaco, la curiosidad es más fuerte que el… pero es verdad que se ha llevado algún picotazo!
    Mis niños, qué ratos nos hacen pasar!

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