La cucaracha metálica

17 de junio de 2014

Es absolutamente imposible vivir tranquilo en TU casa si en ella residen cuatro humanos y un “chucho”.

Lo del “cuatro patas”, sinceramente, no es el mayor de los problemas: hace mucho tiempo que el pobre irracional hace, exactamente, todo lo que yo quiero.

Pero el caso de los humanos es distinto: son sucios, desordenados, ciclotímicos, “plastas”…, y lo que más me incomoda, IMPREVISIBLES.

Sin el menor atisbo, en cualquier momento, puede suceder algo raro, extraño, “convulso”: desde la visita de otro humano que debería estar encerrado en una jaula para la seguridad del mundo, hasta la incorporación de nuevos sonidos desde diversos aparatos emisores, pasando por gritos (ellos lo conocen como cantos) y la “última adquisición”: la gran cucaracha metálica.

Es por todos sabido que en los hogares, como por arte de magia, surgen “pelusas” (aglomeraciones de tamaño variable de pelos, restos variados y suciedad) de forma frecuente e inexorable.

En una casa en la que conviven cuatro humanos (aunque el varón adulto se esté quedando sin pelo), un perro que parece un muestrario de pelucas con patas, y un servidor, que a pesar de sus continuos acicalados, algún pelo se le escapa… ¿”Pelusas”? ¡A millares!

Tradicionalmente esas concreciones inertes eran retiradas con un palo que acababa en un gran mechón de barbas duras, pero la evolución de MIS humanos hizo que un día apareciera en casa una especie de “mini elefante” con una trompa (o probóscide, que uno es muy culto) que absorbía contundentemente todo aquello que se encontraba a su paso por el suelo.

Y lo último: la cucaracha metálica. 

El ”mini elefante chupador” requería que uno de los humanos guiara la trompa de aquel ruidoso y molesto ingenio para la deglución de las basuras. Pero “la cuca”…, “la cuca”…, ¡tiene vida propia!

No puedo describiros el susto que pudimos llevarnos “Trasto” y el que escribe, cuando vimos que aquel objeto como una gran ensaladera plana ¡se movía!

¿Invasión alienígena? ¿Otro juguetito del pequeño de la familia? ¿La mascota del futuro?

“Trasto” se puso a ladrar a la cucaracha metálica (eso sí, desde una distancia más que prudencial), hasta que emprendió su inexorable camino. El perro apareció encima de la parte más alta del sillón, temblando como los carrillos de la señora mayor que nos visita cuando se ríe.

Yo salté a una de mis zonas de seguridad (un armario del salón) para valorar las evoluciones de aquel extraño nuevo elemento.

En un principio evolucionaba sin sentido, golpeándose con los muebles y las paredes, pero en poco tiempo consiguió establecer unas pautas de locomoción que evitaban cualquier golpe…

Del vientre de aquella “bestia” salían unas minúsculas patitas giratorias que, en su incesante movimiento, dirigían al interior de aquel “ser” cualquier cosa que estuviera en el suelo, principalmente “las pelusas”.

Tras horas de observación llegué a la certera conclusión de que aquel engendro era una cucaracha mutante (o alienígena) que se alimentaba de la basura que se generaba en los hogares humanos.

Tras un largo rato de paseo por MI hogar, aquel “bicho” se dirigía a su zona de descanso, una especie de puerto pegado a la pared, donde se enganchaba, supongo que a descansar y a hacer la digestión, y a esperar una nueva salida.

Trasto” sigue ladrando a la cucaracha metálica cada vez que sale en busca de alimento; yo creo que no podrá acostumbrarse. En cambio, yo ya me he dado cuenta de que ese bicho no ve, que se guía a base de “porrazos” contra las cosas.

La cucaracha metálica

La cucaracha metálica

Cualquier día me animo, me subo encima del engendro y que me dé un paseo gratis por MI casa.

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