El Intruso….

17 de diciembre de 2013

No voy a negar que en algunas ocasiones me he planteado la posibilidad de compartir MI casa con algún otro ente de mi especie.

Por más que disfrute de mi “gatonalidad”, de mis territorios y de mi alimento, en algunos momentos me planteo la conveniencia de tener a un ser similar a mi en mi entorno, y no tener que “padecer”, por obligación, la simpleza y limitación de un ser tan básico como el infumable “Trasto”.

Desafortunadamente, a veces, lo que piensas o sueñas, puede convertirse en realidad…

Aquel día, estando plácidamente tumbado sobre uno de esos elementos duros que desprenden un agradable y adictivo calor, mi fino olfato y mis desarrollados pabellones auditivos, me informaban de la presencia de un ser desconocido en MI casa.

Salté como si hubiera recibido uno de los “agujazos” del infame hombre de la bata blanca, y me dirigí raudo a donde mis sentidos me conducían. Una puerta cerrada me separaba de aquellos efluvios y emisiones sonoras, pero, a pesar de la impenetrabilidad física, pude conformar que aquello que estaba al otro lado era… ¡¡UN GATO!!

Miles de preguntas surgieron en mi inteligentísima sesera: ¿de dónde a salido? ¿cómo ha llegado hasta aquí? ¿quién es? ¿porqué estoy tan nervioso?

Mis humanos impedían mi paso a aquella estancia cada vez que entraban con alimento o agua, y mi nerviosismo, curiosamente, bajaba al mismo tiempo que aumentaba mi curiosidad.

Pasaron unos días hasta que pude ver a aquel “ser”: un pequeño cachorro de gato, feo como un demonio y escuálido como si no hubiera tenido contacto con alimento alguno desde el día en que nació.

El Intruso

Nuestro primer contacto, su primera aproximación a mí fue, lógicamente, traumática para él, ¡claro!.

Se acercó corriendo a mí, como si nos conociéramos de toda la vida, y, evidentemente, le ofrecí uno de mis mejores bufidos y un certero manotazo en su juvenil rostro.

El animal se quedó alucinado y paralizado.

Mis humanos observaban la situación sin intervenir, sin mediar palabra ¡¡Qué descastados!! Deberían haberse puesto de mi lado, porque… ¿de quién es la casa??? ¡MIA!

El siguiente intento del animalucho fue más lento, pero igual de decidido. Su mirada, tengo que reconocerlo, me ablandó el corazón. Ya no le bufe, y solamente hice ademan de levantar mi mano derecha. Se paró frente a mi, con la mirada caída, se pegó al suelo y rompió todas mis estructuras de poder.

Me acerqué lentamente a él, su cara y sus ojos mostraban pena, tristeza, necesidad de cariño, de afecto y ternura y si, le comencé a lamer toda su fea y descastada cabezota.

Mis humanos chillaban y saltaban. Parecía un día de esos en los que se hacen regalos, beben y cantan.

Aquel animal pasó de ser un presunto intruso a un ser dependiente de mi, por mi propia voluntad.

No estuvo mucho tiempo.

Cuando su cuerpo dejo de mostrar de forma evidente su osamenta, cuando su pelo era sedoso y brillante, igual que vino, se fue…

Reconozco que al principio sentí un gran vacío con su ausencia, que su presencia me confirmo que la compañía de un compañero de “tu familia” puede ser muy positiva.

Pero, queridos amigos, también debo reconocer que mi estado de soledad tiene todo lo bueno que podáis imaginar.

Si vienen más invitados, después de dejar claras, muy claras, MIS normas, será bien recibido.

Un comentario para “El Intruso….”

  1. Nagore dice:

    Muy bien hecho Zapi, hay que dar siempre una segunda oportunidad a los pobres que no tienen un hogar.
    A Roni tampoco le hace mucha gracia el 1º día, pero luego al igual que tu les coge cariño y hasta les echa un poquito de menos

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