¡¡¿¿Desnudo??!!

2 de junio de 2014

Como ya os he comentado en otras ocasiones, mi relación con los humanos no solo se circunscribe a MIS humanos. Sus amigos, familiares, vecinos y otros de difícil clasificación suelen aparecer por mis territorios sin que un servidor les de permiso… ¡¡En fin!!

Desde los insoportables y salvajes amigos del más pequeño de la casa, a las incesantes “sobonas” que acompañan a la “explosión de hormonas con patas” de su hermana, es un vaivén de sorpresas normalmente desagradables.

Pero bueno, uno se acostumbra, se evade cuando es menester, pega algún bufido intimidatorio y, sí, en una ocasión no pude soportar el manejo de uno de los amigos del humano adulto (quiso “observar” mi retaguardia para comprobar si tenía o no algo de mi exclusiva incumbencia) y le di un contundente manotazo sacando un poco de uñas: no ha vuelto a intentarlo.

Cuando vienen de uno en uno son molestos, pero se puede soportar. Cuando vienen en parejas o grupos, tardo décimas de segundo en desaparecer de mis territorios que invaden. Pero lo de ayer fue “lo más”, algo que jamás podría haber imaginado.

Una de las personas que más visitan a mi humana adulta es una simpática y agradable mujer: se interesa por mi, pero sin acosarme, me dice cosas, pero sin aturdirme… Vamos, podría decir que es de los pocos humanos que tienen un lugar en mi selectivo corazón.

Esta maravillosa mujer llego el otro día a MI casa. Su olor y sus sonidos son inconfundibles. Sin embargo esta vez su humano perfume se apreciaba distorsionado por un olor que se me hacía familiar, pero no era un olor humano. Era extraño y cercano, pero inquietante.

Me acerque a la entrada y pude ver que portaba una caja de las que utilizan mis humanos para llevarme de un lugar a otro. Y llevaba algo dentro.

Mis sospechas se confirmaron cuando vi que unos bigotes, muy parecidos a los míos, se vislumbraban tímidamente a través del enrejillado frontal de la caja.

La amiga humana dejó el medio de transporte en el suelo, me acerque con interés, miedo, curiosidad y nerviosismo y vi algo que heló mi sangre: un gato desprovisto de pelaje, ¡¡un gato absolutamente desnudo!!

zapimontajeok

Mi corazón se aceleró hasta ritmos que solo alcanzo cuando corro delante (o detrás) de “Trasto”… aquella imagen recorría mi cabeza sin encontrar explicación alguna ¿Dónde se ha dejado los pelos? ¿Se los habrá quitado voluntariamente? ¿Será una nueva moda del más allá de los límites de MI hogar? ¿Existen los felinos nudistas, naturistas?

MI humana y su amiga observaban mis expresiones y comportamiento con detenimiento. En un momento dado decidieron abrir las compuertas que mantenían a resguardo a aquel desprovisto animal. Me preparé para cualquier posible comportamiento del forzado visitante.

Sí, me sorprendió.

Al franquear la puerta de su caja, me miró fijamente, pero no amenazante, y emitió un suave y claro maullido de saludo. Le respondí de igual forma, pues cuando quiero puedo ser un excelente anfitrión, y esta criatura me daba incluso pena.

Las dos humanas estaban expectantes, como si la única posibilidad al vernos hubiera sido comenzar a bufarnos y “zarpear” como dos gatos barriobajeros.

Nos seguimos observando y, poco a poco, comenzamos una animada conversación:

  •  Zapi: “Hola… mi nombre es “Zapi”
  •  Gato desnudo: “Hola “Zapi”, yo no tengo claro mi nombre… creo que estos seres bípedos me denominan “Skin”.
  •  Z: “Oye… no querría ser impertinente, pero… lo del pelo, bueno, lo del no pelo…?”
  •  GD: “No se, yo lo veía totalmente normal hasta conocerte… tampoco quiero ser descortés, pero cuando te he visto creía que eras una rata gigante, con todo ese pelo cubriendo todo tu cuerpo…
  •  Z: Entonces, ¿Tú eres así desde siempre?
  •  GD: Sí, y toda mi familia. Hasta hace un rato he estado con mis padres y mis hermanos y ninguno tiene pelo, nada más que en el bigote.
  •  Z: ¡¡FLIPO!!
  • GD: Pues yo contigo… ¡¡ni te cuento!!
  • Z: Lo que está claro es que eres un gato, hueles a gato, te mueves como un gato y, lo más importante, hablamos el mismo idioma.
  • GD: Cierto… Tú también eres un gato, sí.
  • Z: Pues “Skin”, encantado, siéntete como en tu casa…
  • GD: Gracias “Zapi”, gracias por tu amabilidad.

Desde entonces “Skin” y yo somos grandes amigos, muchas veces viene a mi casa, o me acercan a la suya.

La verdad es que disfruto más cuando le visito: los dos, a nuestro rollo, sin tener que soportar el pánico de “Trasto” cada vez que “Skin” se le acerca.

¡¡Perros!! No dan para más.

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