¡En forma!

22 de septiembre de 2011

Zapi

He de reconocer que en los últimos meses he dedicado menos tiempo a cultivar este cuerpo esbelto, grácil, recio y firme, dejándome llevar por un mayor número de visitas al comedero y un aumento progresivo, exponencial, del número de siestas.

Puede que la menor preocupación de mis humanos adultos por estimularme al juego (siempre pretendiendo que persiga la misma pluma que sólo huele a mis babas), y el que los pequeños de la casa tengan otros entretenimientos diferentes a enredar conmigo, provocara que mi escultural y envidiable imagen se tornara hacia unas formas, digamos, más “redondeadas”.

Mi tórax ya no evidenciaba con claridad mis potentes músculos pectorales y mis costillas se veían cubiertas por una capa que ofrecía una forma “atonelada”, por lo que mi pulido perfil griego quedó oculto.


Y qué decir de un extraño y circunscrito aumento corporal en mi zona “inguino-abdominal”, una especie de masa pendulante que camina al ritmo contrario de mi cuerpo: yo a la derecha, la masa hacia la izquierda.

En fin… esa ERA la realidad. Sí, digo ERA…

Hace unos días mi humana se encontraba viendo el aparato que emite imágenes de otras personas (le encanta ver a unos individuos que gritan sin parar y que alzan aún más su voz cuando salen fotos de otros individuos. Ella también habla, aunque yo aseguraría que los de dentro del aparato no la escuchan). Ese momento, cuando está más distraída, es el mejor para abalanzarme sobre su regazo y disfrutar de sus caricias, ya que puede estar frotando mi cuerpo sin darse cuenta todo lo que dura la discusión de los pequeños individuos de la caja. Bueno, eso creía yo…

En uno de los gustosos masajes por mi ya descrita zona “inguino-abdominal” detuvo su mano, dirigió su vista hacia la zona y profirió un grito. Creo que ese exabrupto vocal sí pudo ser percibido por los hombrecillos de dentro de la caja parlante.

Llamó inmediatamente al humano adulto y a los pequeños, y todos, sin respeto alguno por mis sentimientos, comenzaron a palpar mi bamboleante masa.

Los adultos tenían cara de preocupación y los pequeños reían sin freno mientras palpaban comparativamente la misma zona de la anatomía del humano adulto.

Como siempre que se producen estos cónclaves alrededor de mi sin par estructura, al día siguiente me llevaron al tipo de las agujas; sí, al que pase lo que pase acaba introduciéndome variopintos objetos por algún agujero natural de mi organismo…

Palpó mi tórax, cómo no, palpó también mi pendulante masa, y me colocó en una plancha metálica mientras prestaba gran atención a unos numeritos que aparecían en una pequeña pantalla.

Antes de volver a casa, les dio a mis humanos un envase de alimento diferente al habitual y les ofreció un sinfín de objetos, que más tarde comprendí que eran estimulantes juegos.

Cierto es que no me costó adaptarme al nuevo alimento; las exquisitas croquetas anteriores fueron sustituidas de forma paulatina por las nuevas, no tan sabrosas, pero tras su ingestión me apetecía hacer menos visitas al comedero.

Y los juegos… ¡una pasada! Al principio me costó entenderlos, pero ahora, cada vez que consigo algo de ellos, obtengo un premio… ¡genial

Han pasado pocos días y me siento más ligero, con más ganas de moverme. He vuelto a subir al armario más alto y, sinceramente, creo que esa masa pendulante ha disminuido en su antiestético tamaño.

En breve, Zapi, el de siempre… ¡Zapi, el deseado, volverá!

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Un comentario para “¡En forma!”

  1. Nago dice:

    Me parece que tu humana adulta chilla demasiado, chilla por las pulgas, chilla por las bolas de pelo, chilla porque tienes algun gramito de mas…. ¡¡Tu dueña es una chillona!!
    Yo te aconsejo que sigas con esa dieta sana y el ejercicio y veras que bien te sientes y dile a tu dueña que no chille tanto que al final te dejará sordo.

    Ronroneos Zapi

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